Opinión

noviembre 10, 2007

Instintos caníbales

Una cocina de una casa cualquiera. Un brazo de mujer se cocina a fuego lento en una olla, con su guarnición y su caldito. Dentro de la nevera, una pierna, también de mujer, se conserva a temperatura adecuada. Un plato en la mesa con trocitos de lo que parece carne humana, frita y aderezada con limón, espera para ser deglutido. Por si fuera poco, en el armario una caja de cereales que en vez de contener esos deliciosos maíces esconde un juego de huesos. En la despensa, como si de un saco de patatas más se tratase, se halla el tronco de una mujer.

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