Opinión

noviembre 10, 2007

Instintos caníbales

Una cocina de una casa cualquiera. Un brazo de mujer se cocina a fuego lento en una olla, con su guarnición y su caldito. Dentro de la nevera, una pierna, también de mujer, se conserva a temperatura adecuada. Un plato en la mesa con trocitos de lo que parece carne humana, frita y aderezada con limón, espera para ser deglutido. Por si fuera poco, en el armario una caja de cereales que en vez de contener esos deliciosos maíces esconde un juego de huesos. En la despensa, como si de un saco de patatas más se tratase, se halla el tronco de una mujer.

Todos ellos bien podrían ser los ingredientes para una novela de terror titulada por ejemplo Instintos Caníbales. Pero no es ficción, sino realidad. Un mexicano de 38 años descuartizó y troceó a su novia, y prosiguió a la ingesta, poquito a poco, de sus miembros y su cuerpo. Sucedió el mes pasado en México.

 

El caníbal, de profesión escritor y sin duda con una peculiar personalidad,  admiraba al protagonista de la película El silencio de los corderos Anthony Hopkins por su espectacular interpretación como un bárbaro carnívoro. Igual nuestro particular escritor quería parecerse a Aníbal Lecter. O igual lo que quería era escribir una novela basada en hechos reales, en la que él fuera el protagonista. En cualquier caso la expresión “la quiero tanto que me la comería” la ha llevado a sus últimas consecuencias.

 

El ser humano se diferencia de los animales por su capacidad de raciocinio. Es un ser inteligente, capaz de pensar y actuar por sí mismo que no se guía por su instinto, algo propio de los animales, sino por sus pensamientos y opiniones.

 

En este caso, parece difícil discernir si se trata de un hombre con todas las de la ley o si por el contrario estamos hablando de una bestia, o de un carroñero que se alimenta de cadáveres, en este caso, humanos. De lo que sí estamos hablando, sin duda alguna, es de un loco. “Soy gastrónomo de afición, no de degustación, sino de elaboración”, así se presenta el homicida. Hay quien desayuna tostadas, otros prefieren galletas y hay quien prefiere un menú completo de sangre y monstruosidad. Pero no es una cuestión de gustos culinarios, sino de instintos asesinos.

 

Como en las buenas novelas, el malo siempre es capturado. En este caso el Aníbal Lecter mexicano, del que se piensa que su novia no fue la única víctima, duerme ahora entre rejas. Y esperemos que por mucho tiempo.

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Una respuesta to “Opinión”

  1. cristina253 Says:

    Menudo hombre! yo no puedo creer que pueda existir gente así, ¿cómo puede matar a una persona y luego comérsela?? Es increible…espero que esté mucho tiempo encerrado porque personas así vuelven a repetir sus crímenes.

    Me ha gustado mucho esta opinión y sobre todo el primer párrafo.


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